LA ESCUCHA CONSCIENTE

LA ESCUCHA CONSCIENTE

Escuchar es un proceso psicológico que, partiendo de la audición, implica otras variables como son la atención, el interés o la motivación. Aunque la mayoría de nosotros oímos, quizás no podamos estar tan seguros de que escuchamos. Se trata de un proceso mucho más complejo que la simple pasividad que asociamos al dejar de hablar en una conversación. Es un proceso activo que necesita de nuestra atención deliberada y consciente al otro. En este sentido, también implica atender al lenguaje corporal, al tono o la expresión facial, o a la emocionalidad que intuimos detrás de las palabras. Es decir, que aunque oír no sea una decisión consciente, escuchar sí lo es.

Si lo observamos, nos sorprendería darnos cuenta de cómo nuestro barullo mental incesante crea barreras que nos impiden sostener y disfrutar de una escucha limpia y objetiva. No caer en la cuenta de todo esto significa quedar encerrados —ensimismados— en nuestros propios ruidos o atrapados en las propias pantallas mentales.

“Para llegar a conocer la verdadera belleza de un árbol, uno debe de descansar tranquilamente debajo de su sombra. Para conocer a alguien, es necesario pararnos debajo de su sombra por un momento. ¿Qué significa esto? Significa poder escuchar en silencio y recibir la esencia de quién realmente es, como si estuviéramos debajo de la sombra de un árbol, conociéndolo desde su interior.”– Tara Brach

La escucha consciente es incompatible con el apuro y con nuestra vida tan acelerada. Tendremos que, por un momento, ponerla en cámara lenta y suspender nuestros pensamientos, nuestras necesidades y olvidarnos de todo al enfocarnos en la persona que nos habla. Es un proceso en el que no hay atajos.

Lo que prima es imponer nuestra voz. El ego siempre quiere tener razón. Normalmente estamos más preocupados en exponer nuestro punto de vista que en permitir expresarse a los demás sin añadir nuestros deseos, consejos, comentarios que, incluso bien intencionados, impiden a la otra persona sentirse escuchada.

Si cultivamos el arte de la comunicación consciente y atenta, que va más allá de las “técnicas de comunicación”, podemos romper este ciclo aumentando el significado y la satisfacción en nuestras interacciones. Se trata de aplicar la atención plena a nuestra comunicación.

Al escuchar a la persona que tenemos delante estando plenamente presentes, nos abrimos al mundo del otro, nos conectamos, suspendemos nuestros juicios, dejamos de interpretar o presuponer, dejamos de tomarnos personalmente las cosas y comprendemos el mundo interno del que brotan.

Escuchar a alguien nos pone en contacto con nosotros mismos y, al mismo tiempo, hace que desaparezcan las fronteras que nos separaban del otro. Se produce una conexión de Ser a Ser. La auténtica comunicación resulta tan gratificante que merece la pena que nos preguntemos por qué perdemos tanto tiempo oyendo sin escuchar.

“No podemos ver o comprender a alguien cuando estamos intentando controlar o cuando nuestra intención es dejar una buena impresión con lo que decimos. En estas circunstancias, no hay espacio para que la otra persona crezca y para que pueda ser quien realmente es. Escuchar y recibir incondicionalmente lo que otra persona expresa es en realidad una expresión de amor”. (Tara Brach)

“Una de las tareas de la verdadera amistad es la de escuchar compasiva y creativamente los silencios ocultos. Generalmente, los secretos no se revelan mediante las palabras, sino que descansan cubiertos en el silencio que existe entre ellas, o en la profundidad inefable que hay entre dos personas”. (John O’Donohu)

 

Por José María Doria (Director  la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal)