¿PARA QUÉ UNA TERAPIA?

¿PARA QUÉ UNA TERAPIA?

¿Qué es una terapia y para qué sirve?

La psicoterapia es el tratamiento que tiene como objetivo el cambio de pensamientos, sentimientos y conductas, además de dotar a la persona de la consciencia y del grado de autorresponsabilidad necesarios para tomar las riendas de su vida.

La persona que llega a terapia, cualquiera que sea la naturaleza de sus síntomas psicológicos, se encuentra en un estado de desmoralización y muchas veces de angustia que puede ser caracterizado por: pérdida de la autoestima, sentimientos de incompetencia, desvalimiento y desesperanza. Esa sensación de incompetencia subjetiva deja al individuo incapaz para afrontar las demandas del medio ambiente y con frecuencia le lleva a confundir el significado de los síntomas, a exagerar su severidad, a temer volverse loco, etc.

La terapia propicia cambios congruentes con los objetivos que desea alcanzar el cliente. Proporciona orden al caos facilitando la comprensión de ideas y acciones que habían sido confusas. Conduce a cierto alivio al capacitar a la persona para afrontar ansiedades y tensiones que habían sido evitadas. Conduce a nuevas oportunidades para aprender modos diferentes de pensar, sentir y actuar. En definitiva, provoca que la sensación de malestar progresivamente vaya dejando paso a la de dominio y control personal.

El cómo se consiga depende del problema que plantee el paciente, de las metas que quiera conseguir y en gran medida del modelo teórico seguido por el terapeuta, puesto que cada perspectiva en psicoterapia se caracteriza por un conjunto de conceptos y principios que explican cómo ocurre el cambio. La naturaleza, ritmo y objetivos de las intervenciones quedan en parte definidos por la orientación teórica del terapeuta.

La concepción filosófica que subyace al psicoanálisis, la modificación de conducta, la perspectiva humanista o la transpersonal difiere en cuanto a las causas atribuidas a las conductas y a la definición de los procesos de cambio, siendo lógico que cada terapeuta se identifique más con una de ellas. Pero la flexibilidad al mantener dichas teorías permite que en la práctica se utilicen las estrategias y los principios clínicos que conducen a una mayor eficacia en la psicoterapia. En esta dirección, podríamos hablar de la Psicología Transpersonal, ya que no solo contempla el aspecto personal, emocional o conductual de la persona, sino que al mismo tiempo trabaja sobre el cariz transcendental que por naturaleza el ser humano trae incorporado. Es decir, somos seres espirituales desde nuestros orígenes, y es esencial indagar en cómo la persona incorpora en su vida esta faceta.

Algunos de los aspectos comunes de los tratamientos de psicoterapia exitosos son:

Los pacientes se encuentran insatisfechos con sus pensamientos, sentimientos y/o conductas y buscan ayuda.

Los terapeutas procuran crear una atmósfera emocional cálida, de apoyo y respeto, no crítica, favorecedora de la confianza y la esperanza.

Se establece una alianza terapéutica para fomentar una actitud positiva hacia el tratamiento y la motivación para asumir riesgos que permitan al paciente experimentar conductas, sentimientos y procesos de pensamiento nuevos.

Las intervenciones se diseñan para aliviar el sufrimiento y favorecer cambios congruentes con los objetivos del cliente.

Buscan la asimilación e integración en la vida del cliente de los aprendizajes emocionales, conductuales y cognitivos significativos.

Neutralizan los miedos irracionales.

Conciben estrategias para cambiar los patrones de conducta desajustados, las creencias irracionales, las emociones disfóricas y las formas autoderrotistas de relacionarse con otros.

Favorecen la transferencia de las nuevas conductas hacia la vida diaria del cliente propiciando así actitudes saludables.

 

¿Qué problemática atiende un psicólogo/a?

Los síntomas de los que se quejan las personas que solicitan psicoterapia son variados y afectan a la experiencia personal, la relación con los demás o dificultan de forma significativa sus actividades cotidianas. El malestar con frecuencia se manifiesta a través de ansiedad, depresión, estrés, conflictos con la pareja, dificultades en las relaciones sexuales, etc. o dan lugar a ciertos comportamientos que interfieren la vida de una persona en distintas áreas, como por ejemplo las adicciones (alcohol, drogas, etc.), los trastornos de alimentación (anorexia nerviosa, bulimia, etc.)… Resumiendo, las circunstancias que llevan a una persona a solicitar ayuda profesional son diversas y complejas.

Las situaciones que pueden alterar el equilibrio y bienestar de una persona suelen traducirse en periodos de crisis: pérdidas de todo tipo, de pareja, de trabajo, el fallecimiento de un familiar o persona cercana, los conflictos en las relaciones interpersonales, falta de habilidades sociales o recursos personales para afrontar situaciones diarias, falta de autoestima o seguridad en uno/a mismo/a, problemas familiares o de pareja, adicciones, disfunciones sexuales… en resumen… todo un abanico de situaciones y circunstancias que prácticamente todas las personas hemos tenido que enfrentar alguna vez. De aquí lo necesario de desmitificar la figura del psicólogo/a e ir superando prejuicios del tipo: “Si vas al psicólogo estás loco o eres débil”. Todo lo contrario, la persona que reconoce su vulnerabilidad y busca los recursos más apropiados para solucionar la situación que atraviesa, es más fuerte que las personas que no son capaces de reconocer sus limitaciones y su propio potencial de crecer con ayuda de una terapia.

 

¿Cómo se orienta una terapia psicológica a la hora de atender la demanda que trae a consulta la persona?

Como hemos comentado antes, la orientación de la terapia depende de los objetivos que quiera lograr la persona y por lo tanto es importante, sobre todo en un comienzo, atender en primera instancia aquella problemática que más le incomoda. Pero no debemos olvidar, sobre todo desde perspectivas psicológicas orientadas a profundizar sobre las causas, que la indagación sobre aquellos condicionamientos que arrastramos desde la infancia, a raíz de experiencias del pasado en cualquier contexto (familiar, escolar, laboral…), por influencias sociales o culturales, etc…, es muy importante. Por ello es esencial investigar en aspectos más profundos, como contextos familiares, vivencias en las etapas de la infancia y adolescencia, experiencias alrededor de la gestación y el parto de la propia persona, etc… y no solamente en los esquemas mentales con los que funciona y las conductas que lleva a cabo. Poniendo un ejemplo: Si la persona tiene la oportunidad de preguntar a su madre sobre las emociones, sentimientos y contexto que rodearon a su gestación, probablemente extraiga una información importante sobre sus propias tendencias emocionales, entre otros condicionamientos que estará vivenciando.

De esta manera el entendimiento y la amplitud con la que se trata el motivo de consulta es mucho más profundo y de mayor perspectiva. Aquellos contenidos que están en nuestro inconsciente nos influyen sobremanera y es esencial poder acceder a ellos. Hay muchas técnicas para poder conocer ese contenido y trabajarlo, como son las regresiones o técnicas  de autoindagación como la Respiración Holoscópica, con la que combino la psicoterapia que desarrollo en consulta.

 

¿Qué aspectos se trabajan de la personalidad y del modo de gestionar las situaciones vitales?

Como hemos comentado anteriormente, en una terapia se trabaja junto con el paciente/cliente, para generar cambios en la forma de afrontar las situaciones y de ver el mundo que le rodea. De esta manera, se ayuda a la persona a comprender desde otra perspectiva lo que le sucede internamente y lo que sucede y por qué a su alrededor.

Por mencionar algunos de los aspectos que podemos trabajar de nosotros mismos o de nuestra forma de enfrentar la vida, podríamos hacer alusión a la flexibilidad. Ser más flexibles con nuestras pautas de pensamiento y de actuación, nos hace más capaces y más competentes a la hora de afrontar todo tipo de situaciones. El árbol rígido y duro, se parte ante el huracán, pero el junco flexible se inclina hacia un lado u otro, hasta que pasa la tormenta, permaneciendo intacto.

Saber improvisar, como una opción a la planificación excesiva de las personalidades más neuróticas, es un aprendizaje muy útil que combate la ansiedad o la profunda frustración muchas veces, cuando los acontecimientos no se suceden cómo los habíamos previsto o imaginado.

Trabajar con los miedos, es otro punto de referencia, ya que en muchas ocasiones, aunque el miedo es una emoción adaptativa que nos protege del riesgo, cuando este miedo es interiorizado con una tendencia neurótica o está impregnado en nuestro inconsciente, nos limita enormemente y condiciona nuestras decisiones e incluso nuestra forma de vivir.

La forma de pensar absoluta o generalista, por la que concebimos la vida sin gama de colores, solo en la polaridad de negro-blanco, también nos perjudica a la hora de entender que hay muchos modos de entender y de vivir los acontecimientos. De esta manera podemos llegar a comprender aquellas actitudes de otros que tanto nos cuesta asumir y que en muchas ocasiones son motivo de sufrimiento.

Podríamos mencionar un sinfín de aspectos de la personalidad a abordar para poder vivir con mayor aceptación, bienestar y armonía.

 

¿Qué es lo más importante en un proceso terapéutico?

En realidad muchas cosas, pero podríamos destacar aquellas cuestiones estándar, por decirlo de algún modo, que son muy útiles de cara a trabajar con todas las personas que acuden a terapia. Y partiendo de ahí, enfocar el trabajo de un modo individual y particular a cada caso.

Una de las cuestiones más importantes es la toma de consciencia, es decir, darnos cuenta de lo que ocurre y para qué ocurre. La toma de consciencia, darnos cuenta o “insight” tiene que ver con contactar con un conocimiento o entendimiento de algo, con una verdad que se revela, con una interiorización o integración de esos aspectos de nosotros, de los demás o de las circunstancias que no comprendemos y que por lo tanto nos es más costoso gestionar. El mero hecho de hablar con un psicoterapeuta induce a la organización de los pensamientos, a colocar lo que nos pasa y a tomar consciencia desde lo profundo. Y desde ahí el/la psicológo/a va guiando a la persona iluminando el recorrido que le toca caminar.

Un aspecto muy interesante a trabajar en terapia son las luces y las sombras que todos tenemos y que forman nuestra personalidad. Se trata de acompañar a la persona en el descubrimiento de cuáles son las características de sí misma que reconoce como propias y que muestra en su vida diaria y en las relaciones interpersonales, y cuáles las que tapa, no muestra y no acepta, porque no están reconocidas o porque asusta mostrarlas y arriesgarnos a ser rechazados, a no ser queridos o aprobados. Estas partes de nosotros que rechazamos quedan sumergidas en el inconsciente o escondidas por vergüenza u otro tipo de emociones. Generalmente son proyectadas en los otros, lo que nos lleva a la atracción o rechazo de otras personas sin saber el porqué. Esto condiciona nuestras relaciones y nuestra forma de vivir los acontecimientos. Aceptar e integrar nuestras sombras nos ayuda enormemente a ser nosotros mismos y a caminar con mayor seguridad y autoestima.

El victimismo entendido como esa actitud con la que se tiende a deformar la realidad, a hallar consuelo en el lamento, a buscar culpables continuamente, a la incapacidad para una autocrítica sincera, etc…, suele ser un comportamiento habitual y un sentimiento con el que llegan las personas a consulta. La queja y la manipulación emocional suelen ser habituales cuando estamos inmersos en esta dinámica. El antídoto más potente al victimismo es la autorresponsabilidad. Cada uno de nosotros es capaz de lograr realizar los cambios necesarios para proveerse bienestar, sólo debemos querer y asumir la propia responsabilidad en el proceso. Es importante partir de esta idea cuando iniciamos una terapia.

 

Blanca López de Etxazarreta. Psicóloga Transpersonal.